Lo Desconocido

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Toda situación nueva exige que respondamos de alguna forma, esto nos puede paralizar, o ponernos en acción: en ocasiones podemos encontrar formas de respuesta a situaciones anteriores, en otras tenemos que generar estrategias nuevas.

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Es natural que frente a algo nuevo, aparezca la ansiedad, esta nos puede dejar inactivos, sin capacidad de respuesta y generando malestar, o puede llevarnos a movilizar todos nuestros recursos para poder resolver y adaptarnos.

Esto depende de las características particulares de cada uno, como siempre decimos, de su historia, sus experiencias anteriores y del momento que está viviendo ahora. No sólo es importante tener en cuenta cuáles son nuestras aptitudes, sino que también tenemos que saber ponerlas en práctica.

Los recursos son herramientas, son medios que nos llevan a lograr fines determinados, por eso también es una habilidad poder sacar provecho de aquellas cualidades intrínsecas que tenemos. Es decir, vamos a poder resolver y adaptarnos exitosamente, siempre y cuando podamos emplearlos de forma correcta.

Una vez que lo desconocido pasa a ser conocido, más allá del agrado o desagrado que uno pueda sentir frente a dicha situación, la ansiedad va disminuyendo.

Para quienes pasaron la mayor parte de su vida dentro del sistema escolar, haciendo nivel inicial, primaria y secundaria, al finalizar el último escalafón pueden sentir esa sensación de vacío, incertidumbre, miedo y ansiedad con la que ven la salida de dicho sistema.

¿Por qué? Realmente hay muchos motivos y se entrecruzan varias cuestiones: algunas relacionadas al duelo de finalizar la escuela secundaria; el hecho de aceptar que sus años de niñez, pubertad y adolescencia van quedando atrás, para volverse un adulto con responsabilidades, entre las cuales se presenta la elección de una carrera u ocupación; a esto se le suma que pensar en un futuro se puede mostrar incierto; más algunas posibles presiones familiares, exigencias propias, mandatos, exigencias reales (por ejemplo, tener la obligación de comenzar a trabajar enseguida, cuestiones económicas, sociales), etc.

¿Cómo luchar contra esa sensación?

  • En primer lugar, es necesario mantener la calma y como decimos siempre, permitir pensarse. ¿Qué quiero? ¿Cuáles son las herramientas con las que cuento para poder sobrellevar esta etapa? ¿Cómo las utilizo? ¿Cómo las utilicé en otros momentos? ¿Qué resultados me dio anteriormente? Ir respondiéndose a uno mismo estas preguntas también va a ayudar a encontrar estrategias, ver cuáles le sirvieron anteriormente para implementarlas, cuáles no, cuáles modificar.
  • En segundo lugar, y casi paralelamente al anterior: INFORMARSE, buscar información acerca de la vida universitaria, las diferentes carreras, las universidades, las diferentes propuestas, los planes de estudio, perfiles de los graduados, etc. Lo importante es movilizarse, hacer que eso que es desconocido, empiece a ser más familiar y que de esa forma uno pueda acercarse sin tanta aprehensión. En el primer lugar estamos buscando información acerca de uno mismo, mientras que en este segundo momento, estamos indagando afuera.
  • En tercer lugar, evaluar las diferentes opciones y encaminarse hacia el proceso de toma de decisión, siempre teniendo en mente los dos primeros puntos, junto con las necesidades particulares de cada uno, y sin dejar de lado los gustos y preferencias.

Es fundamental que este proceso de búsqueda sea tomado como un proceso de aprendizaje, como un espacio de transición entre lo que fui, lo que soy y lo que voy a ser.

De esta forma también es que vemos los procesos de Orientación Vocacional, es tiempo y espacio dedicado a uno mismo, para poder luego, encontrar su camino hacia el proyecto de vida que cada uno desee armar.

Lic. Estefanía Lagos

¿Qué querés ser cuando seas grande?

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El título puede resultar muy familiar. Es una pregunta que la mayoría de las veces nos va acompañando desde muy temprana edad y que se va reiterando con el paso de los años.

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Si bien las diferentes respuestas que vamos dando a este interrogante pueden permanecer y sostenerse a través del tiempo, también pueden variar. Hablan de nuestros intereses, gustos, las identificaciones con otras personas, la necesidad de cumplir con requerimientos familiares explícitos o implícitos y muchas otras cuestiones.

Pero además de esto, ¿Qué otra cosa genera esta pregunta? Sin darnos cuenta, cada vez que la hemos contestado, estuvimos proyectándonos al futuro.

¿Qué pasa cuando “el futuro” es hoy? Cuando llega el momento de decidir qué queremos ser, porque ya tenemos la edad suficiente para concretarlo, lo que antes era un juego, hoy pasa a ser una decisión concreta que conlleva responsabilidad, dedicación y compromiso.

¿El hecho de haber sido un juego implica que esa pregunta no era importante? Justamente lo contrario, a través de ese interrogante no sólo se ve el deseo del niño en ese momento, sino como también dijimos, el deseo de sus padres, el cual la mayoría de las veces está actuando de una u otra forma dentro de la futura elección vocacional de sus hijos. Esto se debe a que no hablamos de profesiones u ocupaciones en sí, sino de identidades, de cómo es y quiere ser esa persona y cuánto influye en sí cómo quieren los demás que él o ella sea.

Cuando el futuro es hoy, también se presentan derivados de dicha pregunta, como “¿qué vas a estudiar?”, “¿qué querés hacer de tu vida?”, “¿de qué vas a trabajar?”, que son preguntas lógicas, pero en ocasiones son reiteradas por personas significativas y pueden funcionar como presión sobre la persona cuestionada. Se entiende que lo que se busca es movilizar, llevar a la acción, ayudar, acompañar, principalmente en los casos en los que estas respuestas se ven postergadas por inseguridad, indecisión o desinterés. Dicha intención puede llevar a obtener un resultado contrario a lo esperado, es decir, que no haya respuesta. En otros casos, este tipo de preguntas no generan ningún tipo de problemática, ya sea porque la persona tiene claro a qué quiere dedicarse y de qué forma hacerlo, o en otro extremo, sería por total desinterés.

Crecer comprende desarrollarse, volverse más independiente, autónomo, poder tomar decisiones, elegir lo mejor para uno mismo, pero también implica conocerse. Es por eso que nosotros siempre hacemos hincapié en lo necesario que es el autoconocimiento. La posibilidad de darse lugar a uno mismo para cuestionarse, reflexionar sobre su identidad, cómo es uno, cómo quiere ser, cuáles son los proyectos que planea llevar adelante, los objetivos a corto, mediano y largo plazo, qué es lo que le gusta y lo que no, así como también las habilidades, capacidades y aptitudes con las que cuenta o que desea desarrollar.

Si nos permitimos pensar en la pregunta original, como lo hacíamos cuando éramos chicos, con la posibilidad de sentirnos libres de presiones, pero agregándole toda la información, las vivencias, experiencias, aprendizajes, conocimientos adquiridos hasta el día de hoy, así como también lo que queremos lograr y el proyecto de vida que tenemos para nuestro futuro, quizás podríamos transformar la “presión” que sentimos, en un sentimiento de satisfacción por tener la oportunidad de elegir responsablemente lo que queremos para nosotros.

Lic. Estefanía Lagos

¿Vivir el presente?

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Es muy común escuchar la frase “hay que vivir el presente”, y sabemos que la misma nos ayuda a enfocarnos en la tarea que estamos realizando ahora, lo cual resulta ser fundamental para poder actuar, intercambiar y resolver. Pero por otro lado, como nada llevado al extremo es saludable, dicha frase tomada de una forma absoluta como un imperativo, puede llevarnos a perder de vista nuestros objetivos a corto y largo plazo, lo que es más, puede que ni siquiera lleguemos a plantearlos.

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“Vivir el presente” no debería ser sólo actuar, sino que también debería implicar poder pensarse, tomando el pasado como un bagaje de experiencias y aprendizajes que pueden ser continuados, mejorados o reeditados. Aquí se incluye la posibilidad de pensar a la vida como un continuo entre pasado, presente y futuro, en lugar de puro presente, que tan sólo nos da la idea de exclusiva reacción a lo que surge día a día.

 Cuando hablamos del daño que producen los extremos, hacemos referencia por ejemplo, a aquellas patologías asociadas a la preocupación por el futuro o las relacionadas con la nostalgia y melancolía por el pasado. Por lo tanto, pensar exclusivamente en el presente, en lo inmediato, nos limita.

 ¿Por qué pensar sólo en el presente nos limita? Porque al estar a la expectativa de lo que surja en el momento, de alguna manera se pierde la capacidad de proyectarnos, de planificar y de pensar más allá de lo inmediato. Es así como vamos a notar que las decisiones que implican compromiso pueden verse postergadas. Necesitamos tener objetivos, metas, proyectos a los que apuntar, ya que es parte de lo que nos motiva a crecer y desarrollarnos.

 Aquí también retomamos la relevancia de hacerse responsable de las consecuencias de lo que se elige, y debemos recordar que por más que uno imaginariamente quiera “escapar” del pasado y del futuro, no puede hacerlo. En cambio, lo que sí se puede hacer es elegir.

 En cuanto a las decisiones vocacionales, destacamos que la posibilidad de proyectarse y pensarse en relación al futuro, es tan indispensable como ser consciente en el presente de quién es uno y qué quiere hacer. La identidad ocupacional implica la capacidad de percibirse a uno mismo en un rol ocupacional, por lo que dicho rol también debe ser pensado en el futuro. Por esto, es fundamental que podamos conocer y reconocer nuestras habilidades, capacidades, aptitudes y preferencias, con el fin de elegir ocupaciones acorde a lo que queremos hoy, y a lo que esperamos para nuestro futuro.

Un proyecto de vida requiere de tomas de decisiones, donde el sujeto pueda pararse en el presente de cara al futuro, tomando sus experiencias y vivencias previas, para proponerse el logro de objetivos acorde a la forma de vida que desea llevar.

Lic. Estefanía Lagos

Creer para ver

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¿Cómo podemos saber lo que nos gusta? ¿Cómo descubrir nuestras habilidades, capacidades y aptitudes? Preguntas que parecen sencillas de responder, pero que en ocasiones, requieren de mucho trabajo para poder hacerlo.

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A veces no vemos a simple vista todas aquellas características que nos hacen ser quien somos, no sólo las negativas, sino que por momentos es difícil reconocer los atributos más positivos de nuestra personalidad.

El primer paso para responder las preguntas del principio es decidir y estar convencido de que realmente uno quiere conocerse a sí mismo.

Conocerse o, mejor dicho, reconocerse a uno mismo, ya que puede implicar un reencuentro con cualidades y características que probablemente ya pusimos en práctica.

El reconocimiento significa saber que ocupamos un lugar, y el más importante es el que uno se da para sí mismo. También significa afecto, por lo que es fundamental valorarse positivamente.

Primero es necesario creer que tenemos capacidades, habilidades, preferencias, aptitudes, para que en un segundo momento podamos explorar cuáles son, cuáles nos son útiles y para qué, cuáles nos interesan para desarrollarlas, así como también cuáles creemos que tenemos que mejorar.

Creer en uno mismo es confiar para poder ver en profundidad y de una manera moderada nuestras características en determinado momento de nuestra vida. Esto no es “creérsela” en el sentido negativo de la palabra, una confianza exagerada sería mentirnos a nosotros mismos, al igual que considerar que uno no tiene absolutamente ninguna cualidad positiva, desvalorizándose.

Ninguno de los dos extremos se acercan a una versión real, y a pesar de que no existe una mirada 100% objetiva, a lo que apuntamos es a poder tener una visión de nosotros mismos menos decorada o desdibujada y más acorde a la valoración de las capacidades, habilidades y preferencias con las que contamos.

El cambio forma parte de nuestra vida cotidiana, y es por eso que también podemos aprender siempre. Estamos en movimiento constante, y es así como nuestras particularidades pueden ir variando según van transcurriendo las experiencias personales.

Comenzar un proceso de Orientación Vocacional y Ocupacional, supone un compromiso, no sólo con el trabajo que se va a realizar, sino que también con uno mismo, ya que es un espacio en el cual el consultante va a encontrarse, reencontrarse, conocerse y reconocerse, creyendo y confiando en su propia persona para poder transitar el camino que elige.

Lic. Estefanía Lagos

 

Saliendo de la zona de confort

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Al hablar de lo que nos rodea, no sólo hacemos referencia el ambiente físico y social, sino que también allí se encuentran los propios límites y barreras impuestos por nosotros mismos.

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“No puedo”, “no sé”, son algunas de las frases que obturan nuestros pensamientos y funcionan como inhibidoras de la acción. Es real que nunca vamos a “poder” o “saber” absolutamente todo, pero en ocasiones estas frases implican las propias limitaciones que generamos y que se fueron formando a lo largo de nuestra vida y experiencias personales.

¿Qué quiere decir esto? Que esas palabras, entre algunas otras cosas, condicionan nuestro actuar y nuestra forma de ser en la vida. Pueden traernos muchas frustraciones y malestar, pero a pesar de todo, las seguimos sosteniendo, esto indica que en algún punto estamos cómodos con ellas.

Por eso para algunas personas es “peligroso” reconocer por sí mismas cuáles son sus verdaderas preferencias, aptitudes, capacidades y habilidades, ya que si lo hacen estarían prácticamente obligadas a salir de esa zona de confort, que por más que sea desagradable y molesta, es algo conocido.

El miedo al cambio, pero sobretodo el temor por las consecuencias que el mismo pueda traer, paraliza. El cambio implica duda, incertidumbre, reflexión y puesta en marcha. Dentro de ese paso a la acción, es fundamental asumir la responsabilidad que implica tomar decisiones, pero principalmente, conocer sus propias particularidades junto con la capacidad de afrontar, con los recursos personales, las diferentes situaciones que se presentan.

Por lo tanto, salir de la zona de confort, sí puede implicar incomodidad, molestia, ansiedad por lo nuevo, pero la ganancia que podemos obtener gracias a saber con qué recursos contamos y cómo podemos lograr lo que queremos, es mucho mayor a quedarse siempre en el mismo lugar encerrado por las propias barreras, sin reconocer cuáles son las reales y cuáles están basadas en fantasías y miedos.

Todo esto forma parte de nuestra identidad y de cómo nos podemos definir a nosotros mismos, incluso en cuanto a la identidad vocacional y ocupacional. Si conocemos nuestras posibilidades reales, nuestras fortalezas, junto a las oportunidades que encontramos en el afuera, también nuestros miedos, las debilidades a superar y las dificultades reales que no dependen de nosotros, vamos a poder estar más preparados para salir de nuestro lugar de comodidad.

De esta forma podemos conocernos tanto en lo bueno como en lo que debemos desarrollarnos, y animarnos a las nuevas posibilidades que se nos presentan.

Lic. Estefanía Lagos

¿Cómo pensarse a uno mismo en los tiempos de hoy?

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Hoy en día vivimos a un ritmo que pocas veces permite que nos detengamos a descubrirnos a nosotros mismos, saber qué es lo que verdaderamente queremos, qué nos gusta, así como también lo que no anhelamos para nuestro presente y futuro.

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Nos acostumbramos a buscar, buscar y buscar en forma constante sin cuestionarnos algo previamente. Usamos herramientas como internet para evacuar algunas dudas en forma inmediata, pero esas diferentes ventanas que abrimos por la simple curiosidad, nos llevan a otras, haciendo que todos sepamos “un poco de todo” en vez de informarnos acerca de lo que quisimos investigar en primer lugar. Así es como tanto caudal de información desorganizada no hace más que desinformarnos.

La espontaneidad con la que surge una pregunta más la inmediatez con la que pareciera que necesitamos una respuesta, no permite que se genere un espacio y un tiempo para reflexionar sobre ella primero. Lo mismo podemos ver en diferentes áreas de la vida, por ejemplo ante la elección vocacional.

Encontrar lo que a uno le gusta y a lo que quiere dedicarse en su vida requiere de un nivel de autoconocimiento que se va generando con el transcurso del tiempo. Si uno lo va postergando por quedarse entretenido con las diferentes “ventanas” (en el sentido de distracciones) que va abriendo por curiosidad en vez de dedicarse a inspeccionar sus propios intereses y gustos, es cuando vamos a encontrarnos en una nebulosa en la que se genera confusión entre qué es lo que viene de adentro y lo que viene de afuera.

Para poder comprenderse y escucharse a uno mismo es importante:

  • Dejar de lado las excusas que nos ponemos (por ejemplo, “no tengo tiempo”, “no puedo”, etc.)
  • Ser consciente que los beneficios de darse el tiempo y espacio para encontrar las respuestas son mayores si se deja de esperar que todo sea ya, y que siempre la solución venga de afuera.
  • Tender a una búsqueda activa de información, enfocada en responder a los verdaderos interrogantes que surgen, sin dejarse llevar por las distracciones que puedan aparecer.
  • Organizar la información proveniente del interior (el conocimiento de uno mismo) y la que se busca en el exterior. Poder ver de una manera más objetiva cuáles aptitudes, capacidades y habilidades poseemos, cuáles no y deberíamos desarrollar.
  • Tener en cuenta que si la persona realmente ve que necesita ayuda, puede buscar orientación en profesionales que funcionen como guías en esta búsqueda. Los mismos no van a dar una respuesta ni solución mágica sino que acompañarán el proceso de autoconocimiento para que la decisión provenga del consultante.

 

Lic. Estefanía Lagos

Opinión vs. Información

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Sabemos que el ser humano es un ser social y que en mayor o menor medida, la mirada del otro es importante.

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Desde que el bebé nace en su estado de indefensión, necesita de un otro, alguien que satisfaga sus necesidades y que a través de su mirada le brinde un lugar que permita la construcción de su propio ser. Esta mirada le va a devolver al pequeño una imagen de sí mismo, un reconocimiento.

Teniendo en cuenta esto, desde nuestros comienzos, estamos marcados por la mirada del otro, por lo tanto podemos decir que la misma es fundamental, ya que prepara los cimientos sobre los que se va a construir nuestro ser y nuestra forma de estar en el mundo.

Mientras la persona va creciendo y desarrollándose se vuelve más independiente de esa mirada que proviene del exterior, para comenzar a confiar en sus propias experiencias y aptitudes.

Esto no lo exceptúa de que dicha mirada pueda ser percibida a través de opiniones (como saberes vulgares, propios y únicos de las personas) que le son manifestadas.

Como dijimos antes, el ser humano es social, al compartir su vida en sociedad es inevitable que se encuentre con diferentes opiniones y puntos de vista. La dificultad radica en qué grado de importancia tiene dicha opinión de los demás sobre su propia vida. Algunas pueden ser positivas y buscar ayudar o acompañar (aunque a veces logren un efecto contrario), mientras que otras pueden tender a la desvalorización y al desaliento.

Hoy en día estamos acostumbrados a que todo el mundo tiene una opinión sobre las vidas de las demás personas y la expresan de la manera que les parece más conveniente, eso lo podemos ver en la vida cotidiana, los programas de TV, en las redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram, etc., así como también en foros y sitios web.

En ocasiones las personas no tienen noción del nivel de influencia que pueden tener sobre quien se opina, el daño directo o indirecto que le puede generar; y en otras, el único propósito de exponer la opinión es juzgar al otro. De esta misma manera, muchas veces la misma persona se muestra para que se opine sobre sí.

Esta necesidad de algunas personas de estar pendientes, o dependientes de las opiniones de los otros, podemos trasladarlas al terreno vocacional y ocupacional. Allí encontraremos sujetos que al buscar la aceptación y reconocimiento del otro, para desempeñar su rol ocupacional, o para elegir, retrasan su decisión o eligen lo que otra persona quiere para ellos, en un intento de conformar a las diferentes miradas que recaen sobre sí. Algunas serán más importantes que otras, pero al fin y al cabo lo que se está perdiendo de vista es el hecho de poder asumir la propia responsabilidad de decidir, junto con las consecuencias que esto conlleve.

La opinión es variable, particular de cada uno, no es una verdad absoluta, y en ocasiones, la misma puede estar basada sobre premisas erróneas. Por lo tanto, tomar decisiones basándonos en opiniones ajenas pueden llevar a no pensarnos a nosotros mismos, evitar el momento de reflexión y conexión con lo que uno quiere para sí y para su proyecto de vida.

Esto no significa que desoigamos las opiniones que puedan parecernos constructivas, o que nos sirvan de advertencia, sino que nos permitamos dudar de las mismas, no darles el peso o estatuto de verdad inamovible.

Para eso, como siempre remarcamos, es importante informarse, buscar información confiable por cuenta propia, investigar, ver qué es lo que queremos para nosotros y lo que no. Confiar en el criterio de uno mismo y en la capacidad de afrontar las consecuencias que nuestra decisión pueda traer consigo, evaluar los riesgos y los beneficios que podemos obtener. Recordando siempre que la opinión del otro es exclusivamente suya y que no elegir también es una forma de elegir, pudiendo en muchas ocasiones coartarnos la posibilidad de satisfacer nuestros deseos y planes.

 

Lic. Estefanía Lagos

 

 

¿Qué es la Orientación Vocacional?

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Algunos piensan que es simplemente un test que una vez finalizado, da una respuesta mágica acerca de qué estudiar o a qué dedicarse. Si bien existen estos tipos de tests y son muy promocionados, un proceso de Orientación Vocacional es algo distinto.

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En primer lugar decimos que es un proceso, lo que indica que no es de un día para el otro, sino que lleva tiempo. Si bien de acuerdo a la metodología de trabajo que se utilice se puede estipular o acordar un cierto tiempo aproximado de duración, el mismo va a depender del grado de compromiso y dedicación que la persona que consulta presente a lo largo de los encuentros de trabajo.

Cuando hablamos de una orientación estamos hablando de una guía, donde la presencia de un orientador funciona como una brújula para el consultante, como un recurso, una herramienta que va a servir para encaminar la búsqueda. Tanto el consultante como el orientador tienen un rol activo en esta tarea que se proponen alcanzar, cada uno desde su posición, siempre destacando el protagonismo de quien consulta, ya que al fin y al cabo, es quien decide emprender el recorrido.

Además de hacer referencia a que es vocacional, podemos agregar que también es ocupacional, no sólo alude al interés que tiene la persona a dedicarse a estudiar una carrera o realizar una actividad como estilo de vida, sino que a su vez se trata de explorar la identidad de la persona y su capacidad de percibirse a sí misma en términos de roles ocupacionales.

Por lo tanto, implica un proceso de autoconocimiento del consultante, guiado por el orientador. Allí se apunta a que pueda ir descubriendo o reafirmar aquellas cuestiones de sí mismo que resultan fundamentales a la hora de elegir y tomar una decisión de acuerdo al proyecto de vida que quiere para sí.

Este proyecto a veces puede presentarse de manera clara en el consultante, quien sabe qué quiere para su vida, pero en ocasiones no sabe cómo lograrlo. En otros casos este proyecto puede encontrarse difuso, por lo que se debe apuntar a que la persona indague aún más acerca de sí mismo, pueda dar cuenta de su identidad y el lugar en donde está parado en el presente, para que a partir de eso, pueda aspirar hacia objetivos en el futuro.

Lic. Estefanía Lagos

 

No elegir también es elegir

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¿Cuántas veces nos quejamos incansablemente de que las cosas no son como queremos y a pesar de todo continuamos estancados dentro de la misma situación una y otra vez?

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Uno piensa que no tiene nada que ver con las cosas que le pasan, y claro, hay situaciones que son ajenas a nosotros y terminan condicionando o limitando de una u otra manera nuestro accionar, pero todo parte de una elección.

Existe un término que está en auge hace ya tiempo, que es el de resiliencia, el mismo es utilizado en el campo psicológico para hacer referencia a la capacidad del ser humano de sobrellevar y sobreponerse ante situaciones adversas. Uno no puede evitar que todas las situaciones difíciles pasen, pero lo que sí puede hacer es tomar una postura activa frente a esto.

Lo que se escucha hoy en día con mayor frecuencia son excusas: “no averiguo sobre qué estudiar porque no tengo tiempo”, “no tengo suerte”, “ninguna carrera/ ocupación me llama”, etc. Ante estos dichos lo que más se puede ver es la pasividad de la persona que está hablando, y , por más que pueda costar verlo, la postura de comodidad (explícita o implícita) en la que se encuentra. Es real que en la actualidad, el tiempo es un recurso muy valorado y escaso, pero también sabemos que en la era de las comunicaciones tenemos herramientas que nos permiten realizar más de una cosa a la vez. Esperar que las respuestas o soluciones vengan a nosotros desde el exterior de manera mágica nos está hablando de que lo que las tres expresiones tienen en común: la falta de responsabilidad y de implicancia por parte de la persona en lo que le pasa.

El primer paso para poder salir de esa situación que nos estanca es saber que no elegir también es elegir, las excusas pueden ser miles e infinitas, pero no hay excusa válida si uno realmente quiere un cambio y una solución. Saber esto nos permite hacernos activos y protagonistas de nuestra propia vida, ser responsables de nuestras elecciones y de las consecuencias que ellas traigan. El “no elegir” también conlleva consecuencias, pero la más preocupante es cuando dicha elección no es asumida por la persona y funciona como una limitación.

Es por esto que, como mencionamos en otros posts, nos parece tan importante que la persona se de lugar a ser libre, en el sentido de permitirse hacerse preguntas, cuestionarse acerca de lo que parece tan inamovible y determinante dentro de sus creencias o concepciones, para que pueda responsablemente volverse activo y dirigirse a la búsqueda. Poder informarse es lo que también va a darle las bases para una posterior elección vocacional, ocupacional y de forma de vida.

Pensemos que si existe una forma de superar y sobrellevar las situaciones más difíciles a través de la resiliencia, las excusas que uno mismo se da, también pueden ser revocables si tan sólo nos proponemos apuntar a la responsabilidad, a la libertad de elegir y al cambio.

Lic. Estefanía Lagos

¿Para qué comenzar un proceso de Orientación Vocacional?

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Como se puede ver en la pregunta planteada en el título, hacemos referencia al “para qué” en lugar del “por qué”, esto se debe a que en el presente texto apuntamos a describir los objetivos que pretendemos alcanzar a través de un proceso de orientación.

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Por el contrario, pero no menos importante, vamos a encontrar que detrás del “por qué” están los motivos que llevan a que el consultante acuda a nosotros como orientadores. Estos motivos pueden ser tan diversos como personas existen en el mundo, van a ser particulares y únicos, así como también fundamentales a lo largo de todo el trabajo que realicemos en conjunto.

No sólo nos brindan información valiosa acerca del consultante, sino que también funcionan como herramientas para que el proceso se vaya adecuando a las particularidades del mismo.

Retomando el “para qué”, consideramos que el objetivo máximo al que aspiramos es a que el consultante pueda realizar una elección madura e informada acerca de qué estudiar o a qué ocupación dedicarse, que sea acorde a su proyecto de vida.

Para poder alcanzar este objetivo nos parece fundamental que en el consultante surja una pregunta, que se cuestione, y que esté dispuesto a comenzar un camino de autoconocimiento que implica acción permanente. Volverse sujeto activo en búsqueda constante de información.

Allí nuestra labor como orientadores consiste en acompañar, guiar el proceso a través de intervenciones, actividades, técnicas y juegos que son nuestros recursos para fomentar el protagonismo del consultante a lo largo del proceso y de su elección.

En otras palabras, comenzar un proceso de Orientación Vocacional implica lograr conocerse más a uno mismo para poder percibirse desde un rol ocupacional, para encontrar la respuesta a preguntas como “¿Quién soy?” y “¿Qué quiero hacer?”.

No siempre es fácil transitar el camino, por lo que nosotros creemos que tomar la decisión de comenzar un proceso de Orientación Vocacional puede ser un muy buen primer paso para acercarse a ser ese sujeto activo del que hablábamos, capaz y responsable de elegir y hacerse cargo de sus decisiones.

 

Lic. Estefanía Lagos